La mera razón con su lógica aristotélica encierra al hombre en conceptos prefabricados por la experiencia y la tradición. Está claro que lo necesitamos para poder comunicarnos y darnos a entender. Pero ha llegado la hora de dar un vuelco hacia lo que verdaderamente da sentido y plenifica en la vida, ha llegado la hora de escuchar y dejar hablar al corazón